Madeira en moto

Un nuevo sueño sobre dos ruedas

Hay viajes que comienzan mucho antes de subirnos a una moto. Comienzan delante de un mapa, viendo una fotografía o descubriendo esas carreteras que inmediatamente despiertan nuestra imaginación. Poco a poco aquella primera curiosidad se convierte en ilusión y la ilusión, casi sin darnos cuenta, en un nuevo sueño viajero. Esta vez ese sueño tiene nombre: Madeira.

En diciembre pondremos rumbo a esta pequeña isla portuguesa perdida en mitad del Atlántico, un territorio de origen volcánico donde las montañas se levantan desde el océano y las carreteras parecen haber sido dibujadas pensando en quienes disfrutamos viajando sobre dos ruedas. En esta ocasión nuestra compañera de viaje será una Kawasaki KLE 500, que ya tenemos reservada en Madeira Moto Rent. Una trail que creemos encajará perfectamente con lo que vamos buscando: recorrer la isla sin prisas, enlazando curvas y dejando que sean las propias carreteras las que nos vayan descubriendo Madeira.

Nos esperan lugares como Pico do Areeiro, donde ascenderemos hasta encontrarnos con las montañas y, con un poco de suerte, contemplarlas sobresaliendo sobre un mar de nubes. Después llegarán São Vicente, Seixal y Porto Moniz, siguiendo esa espectacular costa norte donde enormes paredes verdes parecen precipitarse sobre el Atlántico. Buscaremos también la niebla del bosque de Fanal, caminaremos entre sus viejos árboles y llegaremos hasta Ponta de São Lourenço, donde Madeira cambia completamente de aspecto y el paisaje se vuelve agreste, desnudo y volcánico.

Pero después de tantos años viajando sabemos que probablemente los mejores momentos no serán los que llevemos apuntados. Serán aquella carretera que tomemos por equivocación, el pequeño pueblo donde decidamos detenernos, una conversación inesperada, un café mirando al océano o ese mirador cuyo nombre ni siquiera recordaremos cuando regresemos a casa. Porque viajar en moto sigue teniendo para nosotros algo difícil de explicar: no observamos el paisaje desde detrás de una ventanilla, formamos parte de él. Sentimos el frío, la lluvia, el viento y el olor de la tierra mojada; nos cansamos, nos perdemos y algunas veces cambiamos los planes, pero precisamente ahí encontramos buena parte de la esencia del viaje.

Todavía faltan unos meses y Madeira continúa siendo un punto en el mapa, una moto reservada y muchas carreteras que imaginamos desde casa. Pero, en realidad, el viaje ya ha comenzado. Porque los grandes viajes empiezan mucho antes de arrancar el motor: empiezan cuando volvemos a sentir esa ilusión por descubrir qué habrá al otro lado de la próxima curva.

«No he estado en todas partes, pero están en mi lista»


Posted in Viajes by with no comments yet.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *